miércoles, 30 de diciembre de 2009

NUESTROS PROPIOS MUROS

El mundo entero celebró a comienzos de noviembre el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín. Aquella fría cicatriz de concreto en el corazón de la ciudad que dividió durante años al pueblo germano. Y aunque el Muro se edificó en Alemania y se dirigió en contra de los alemanes, no sólo era símbolo de la división de un país. A la vez, representaba la división igualmente dolorosa de todo un continente y la división ideológica a nivel mundial.

Un muro menos, un paso enorme. Pero insuficiente.

Más allá de la evidente exaltación que produce un hito de tal magnitud, es preciso detenerse un momento en medio de esta denominada “fiesta de la libertad” para hacer un par de reflexiones respecto a nuestros propios muros.

Existen muros que no son físicos y sin embargo son devastadores porque son muros que producen exclusión y desigualdad en grandísimas dimensiones. Algunos son evidentes y los podemos palpar en lo cotidiano, como el muro de la pobreza, el muro del género, o el muro de la condición social. Otros, más difíciles de percibir y que vemos como lejanos a nuestra realidad: ahí está el muro de la raza, de la religión, o los muros a la comunicación, entre otros tantos que no logro imaginar en este momento.

Son muros que se realimentan en el miedo y en la represión. Muros que nos llevan a percibir con desconfianza el color de la piel, el acento extraño, la costumbre que para nosotros no es costumbre; en definitiva que impiden que la libertad del hombre brille como es debido.

Pienso en todos los muros que constantemente levantamos, ya sea en forma voluntaria o involuntaria. Considero que son este tipo de muros los más nocivos para la paz del hombre y la paz de la comunidad. Quizás esto es parte de nuestros desafíos comunitarios, pensando en un concepto más rico del bien común, que trascienda la simple facilitación y defensa del bien de los individuos.

Espero que alguna vez seamos capaces de derribar nuestros propios muros, y pensemos que ese aire de libertad vale más que todos los miedos que podamos tener.

Rodrigo Becerra

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